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-No creo en el destino- me gritó.

-Igual, si vos no lo hacés yo si, y estoy seguro que el destino nos tiene deparado algo para el futuro- le respondí.

Estaba mirando una pelicula de esas que nominaron al Oscar, la gran opcionada y la más decepcionada, la que hablaba de ese amor eterno entre una niña y un anciano. Yo reparaba en silencio, nada más que recordando promesas, versos, sueños, silencios, tardes, noches a su lado. Tardes y noches y días en las cuales el cielo empezaba a cubrirse sin ninguna espera, sin ninguna contemplación y desbordaba esos colores que se movían en todas las gamas de azules y verdes.

Recordaba los catorce años, cuando llamaba a despertarme y con una sonrisa preguntaba lo obvio, si me había despertado, y yo sonriente y somnoliento le respondía que no, ella simplemente sonreía. Fue cosa de varios años, recordaba sueños, abrazos, conversaciones hasta entrada la madrugada, era la ultima voz y la primera que escuchaba en vacaciones, ella, simplemente sonriente, un amor infantil, ni tan infantil, que iba derrochando alegría e inspiración en un joven que a veces no recordaba nada y otras veces recordaba todo.

Te escribí algo, era algo que muchas veces le dije, ella sonreía, y me pedía que se la cantara, era imposible, yo no tenía voz, mi voz solo salía en el papel, nada más. Así nos comunicabamos, ella me hablaba y yo simplemente respondía.

Recuerdo que mamá fue feliz cuando vio que inventaron la video llamada, porque asi yo podría escuchar las llamadas y a traves del mensajero podía responderle en letras. Ahora el hecho de no poder hablar no era un impedimento. Fue asi como aprendí a escribir, como empecé a reflejar mis sentimientos en letras, luego llegó a mi vida ella, una persona hermosa, que siempre ha estado ahí, sin importar nada, sin importar mi estado, ella ha visto mi progreso y ha valorado eso.

Mi enfermedad es de nacimiento, “el niño no va poder hablar”, mamá tal vez sintió como el cielo se le derrumbaba encima, pero papá la animó y simplemente le dijo, le enseñamos a escribir, asi se puede comunicar.

Luego con el tiempo, aprendí a hacerlo, y poco a poco fui retratando mi vida en letras, fui pintando el mundo con el color de mis lapiceros y fui llenando mi vida de ese mismo color, alegre y sensible, asi era como me definía siempre.

Luego de un tiempo hablando con esa chica, unos dos años, entre besos y abrazos a través del mensajero y la videollamada, quise mostrarle mi inspiración, y la invité a salir, solamente para escribirle una canción.

Ese día llegó, fue en abril, llegué y su mamá me abrió la puerta, hola Juan, me dijo, yo sacudí la mano e hice una reverencia en tono de respeto, ella miró a su hija con cara de extraña, ella me conocía y siempre pensaba que yo era muy callado, salimos con Uvita a caminar, ella con un buso morado que aún recuerdo, yo iba con una camiseta a rayas azules y negras, el cabello organizado y ella con su olor característico que siempre me había gustado, comimos un helado y volvimos a su casa, donde hablabamos, ella con su voz, yo con mi cuaderno le respondía, me acosté en su pecho y empecé a escribirle, la canción que le había dicho, “Quiero Besarte” se llamó y ella accedió.

El día terminó espectacular, yo salí para mi casa, y me propuse aprender a hablar. Imitar los sonidos, pero el hecho de que no tuviera cuerdas vocales impedía que lo pudiera hacer.

Hoy luego de tantos años, unos 10 aun la sigo escribiendo, y la recuerdo en esta sala de cine y quiero abrazarla y quiero besarla, hoy luego de tanto tiempo de escribirla y que ella disfrute mis besos, solo recuerdo esa conversación que tuvimos y que nos alejó, y aun recuerdo esas palabras que dijo.

-No creo en el destino.

-Igual, si vos no lo hacés yo si, y estoy seguro que el destino nos tiene deparado algo para el futuro- le respondí.

Hoy luego de diez años de esas palabras, cuento con ella, está ahí, se preocupa por mi y vive a mi lado. Y aun no puedo hablar.

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