Cuentos
Canas

Canas

Foto: http://moan-s.tumblr.com/

Traía una camisa a rayas azules y blancas, una sonrisa y un suspiro profundo. Él la miró a los ojos, era mucho mejor de lo que las fotos de Instagram le decían, le dio un abrazo fuerte, sintió su cabello en el rostro, miró y se detuvo.

Sonrió.

-¿De qué te ríes?- preguntó ella.

-Nada, tranquila- respondió él.

Se tomaron el café frío, se miraron a los ojos y conversaron. Él volvió a recorrerla de arriba abajo con su mirada y volvió a detenerse en un lugar, volvió a sonreír y siguió la conversación.

Le contó sus depresiones y decepciones, le dijo qué la hacía sonreír y cómo le alegraba las mañanas con café y buenos días, se despidieron y él no paró de pensar en ella.

Volvieron a encontrarse dos días después, traía un buzo de lana y la misma sonrisa que él había querido besar en días anteriores. Los pantalones negros le marcaban la figura y el abrazo que se dieron dejó poco a la imaginación y mucho al tacto.

Se gustaban.

Él volvió a mirarla, a quedarse contemplándola un momento, luego sonrió.

-¿Por qué sonríes?- preguntó ella de nuevo.

-Nada, verte me alegra- respondió él nuevamente.

La escuchó mientras preparaba en la prensa francesa un par de cafés oscuros, sintieron la acidez en los labios queriendo endulzarse a besos. Se hicieron compañía y se sonrieron, se acariciaron en silencio, dejaron que sus dedos protagonizaran algunos momentos de esa cinta del día.

Se despidieron con la lluvia en los hombros, la firmeza en los labios, la humedad en los pies. Se dijeron que pronto se volverían a ver.

Pasaron semanas hasta que el cielo volvió a verlos juntarse. Allí estaban, frente a frente, desnudos los dientes, la piel. Él sonrió de nuevo. Le agarró el cabello entre los dedos, dejó que cada sortija adornara sus falanges, volvió a sonreír.

Ella, sin ropa que la cubriera, sincera, lo miró a los ojos, volvió a preguntarle de qué se reía, él respondió:

 - Aunque eres más joven que yo, tu pelo ya pinta canas. Pero no son canas de edad, son canas de experiencia, de cuántas noches has pasado tratando de ser mejor, de solucionarlo todo, de ser feliz. Son canas que más que preocupaciones, reflejan alegrías, canas que a tu edad, a los demás le arrancan sonrisas. A mí por ejemplo, por saberme que en este momento puedo significar una de ellas, ¿cuán larga? El tiempo lo dirá.

Se besaron, ella sonrojada y él sonriente y feliz. Fueron experiencia y paciencia, se hicieron torpes, como son los primeros encuentros, se hicieron fuego y placer, hasta que el cielo dejó de ser gris.

 

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