Opinión

Diez años después

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Hace cuatro años escribí que el Concierto de la Juventud era un evento dedicado a cumplir sueños. Aquí estoy, de nuevo, para decir lo mismo. Para decir lo mismo con una sola imagen en la cabeza.

Aunque este año se cumplió un nuevo sueño cargado de punk rock, llamado Bulldog, creo que hubo una imagen mucho más impactante en este año, cuando el festival celebraba su décimo aniversario.

A éste Festival que Felipe realiza anualmente sin pausa desde el 2004, le debo mis mejores amigos. Incluso, algunos por esta conmemoración, pensaron en que debíamos reunirnos en algún momento. Creo que este fin de semana, fue la mejor excusa para reencontrarnos, incluso con aquellos que se habían marchado y hacía rato no veíamos.

Pero la imagen se quedó en mi cabeza y ocurrió el sábado 9 de Agosto, primer día del festival.

La oscuridad ya había llegado y había cubierto a todo el teatro al aire libre Carlos Vieco, en ese momento las luces de la tarima se hicieron más tenues, casi podríamos decir que no se podía ver quiénes estaban en la tarima, pero por el humo y la anterior descarga, todos sabíamos que era Carajo y que apenas estaba empezando su presentación.

En ese momento “Corbata” dice que la siguiente canción irá dedicada a todos esos que necesitaban un apoyo, que se sintieran mal, que quisieran salir de ahí. Que eso se llamaba “Triste”.

Yo grité. A mi lado estaba Nico, que al otro día tendría la oportunidad de lucirse con La Doble A, al frente mi hermano menor, Lu y Sebas un par de esos amigos que me dejó el primer Concierto de la Juventud.

“Dame la fuerza para seguir amigo,

dame la fuerza para alcanzar tu mano…”

Se cantaba a todo pulmón, las luces se tornaron azules.

Por una cosa que no sé porqué hago cuando estoy en el teatro Carlos Vieco, casi que cuando empieza una canción de una banda, miré hacia atrás y ahí estaba una pareja, la pareja de la imagen.

Ella estaba abajo parada, él en la grada de arriba, ombligo con espalda. Ella tenía la mano sobre el hombro, él con su mano estrechaba esa mano que estaba sobre el hombro de ella.

Yo cantaba a todo pulmón, mientras veía a Nico mover la cabeza como un loco y lamentándose por no haberle dado la oportunidad anteriormente a Carajo en su soundtrack de la vida.

“Qué triste es vivir sin intentar,

Qué triste es morir sin haber amado…”

La canción seguía su rumbo, la vida también. Las lágrimas de la pareja que estaba tras de mí marcaban un rastro en sus rostros e inundaban un par de ojos que se cerraban con fuerza, con odio, hasta con tristeza. Él sonreía y hasta se lamentaba, tal vez la canción le tocó el corazón, tal vez era su primera vez viendo a Carajo en vivo, no sé.

Lo que sé es que fue su sueño cumplido gracias al Concierto de la Juventud, así como el mío hace cuatro años me llevó a las lágrimas viendo a Trotsky Vengarán o me llevó a poguear, como si tuviera quince, las canciones de Bulldog.

Al final tal vez no quiero decir nada de cada banda porque simplemente estuvo lo mejor del rock de ésta ciudad y grandes leyendas del rock latinoamericano. Simplemente, quería resaltar esos ojos llorosos que me marcaron y que al final gritaron un “Gracias” que muchas veces he gritado yo.

Un gracias a la organización y a la oportunidad que se le está dando al festival y que dentro del mismo festival se le está dando a personas que buscan emprender. Porque pese a que éste fue patrocinado por Pilsen, la verdad es que el resto de cosas que se podían comprar en el interior del recinto, eran productos de personas naturales, independientes como el Concierto de la Juventud, el festival que diez años después, volvió a hacerlo y colmó de alegría a muchos rockeros de la ciudad.

 

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